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Niños y juegos de mesa (VI): La toma de decisiones

Continuamente nos encontramos en situaciones que nos obligan a tomar decisiones. Unas más importantes que otras, claro. Decidir que tipo de bollería tomar con el café no es igual que decidir entre comprar un coche de gasolina o diesel. La primera diferencia es la velocidad en la que procesamos toda la información antes de tomar la decisión. En segundo lugar, las consecuencias que conlleva equivocarnos son también de diferente calado. Sin embargo, los mecanismos y elementos de la toma de decisiones son siempre los mismos:

definición del problema –> análisis del problema –> evaluación de las alternativas –> elección de las alternativas –> aplicación de la decisión.

A tomar decisiones se aprende con el tiempo y con la experiencia vital de cada uno. Hay personas que se han visto en demasiadas ocasiones ante circunstancias difíciles. Así que han practicado a menudo la toma de decisiones. Hay otras personas que no. También se da el caso de personas a las que nadie ha enseñado a tomar decisiones, y han sido alejados de situaciones comprometidas. Todo esto ya empieza a ocurrir durante la infancia.

Nos puede parecer que un niño o una niña no tiene que tomar decisiones importantes. Pero si nos ponemos en su lugar tal vez sí lo sean. Al menos lo serán desde el punto de vista de su aprendizaje. Es interesante crear situaciones en las que los niños se vean obligados a elegir. Pero hay que enseñarles a utilizar un método (elegir al azar no es tomar una decisión).

¿Qué necesita mi agropecuaria familia? ¿Una estatuilla de la virgen o un huso?¿Tal vez un árbol frutal?

¿Qué necesita mi agropecuaria familia? ¿Una estatuilla de la virgen o un huso?¿Tal vez un árbol frutal?

El contexto del juego de mesa es, una vez más, ideal para mezclar diversión y aprendizaje.

El niño o la niña debe aprender que equivocarse tomando decisiones no es tan malo como no ser capaz de tomarlas. Si no entienden esto estaremos convirtiendo a nuestros hijos en unos especialistas del «escaqueo» y de «escurrir el bulto».

Como ocurre en el aprendizaje de otro tipo de habilidades, el juego de mesa permite al niño tomar decisiones y entrenar esta aptitud sin estrés, sin consecuencias irreparables o que le afecten emocionalmente.

La toma de decisiones cuando jugamos con nuestros hijos, o cuando les invitamos a que jueguen entre ellos, ya comienza en el momento de elegir el juego. Luego continúa durante la partida. En los juegos de cartas, casi siempre hay que decidir cuál de ellas vamos a jugar. Cualquier juego con gestión de mano de cartas son un claro ejemplo de toma de decisiones (p.ej.: el Uno). También son recomendable juegos en los que cada jugador tiene un número limitado de acciones por turno, y multitud de opciones en las que emplearlas (p.ej.: Agrícola).

Es preferible el juego competitivo que el cooperativo para entrenar la toma de decisiones. Así entrenamos tanto la toma de decisiones como la asunción de responsabilidades como acto individual. Los juegos cooperativos incentivan el aprendizaje de la toma de decisiones en grupo, pero la responsabilidad se diluye entre todos.

¿Caballero o granjero?

¿Caballero o granjero?

Por último, aconsejamos que cuando las partidas se organicen entre niños y adultos, éstos últimos ayuden a los más pequeños a tomar las decisiones difíciles. De esta manera garantizamos la diversión de todos, que es el objetivo principal.

 

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