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Niños y juegos de mesa (III): la agilidad mental

La agilidad mental se entrena (o se abandona)

La agilidad mental se entrena (o se abandona)

Continuamos con la serie de artículos dedicados a analizar qué aptitudes, actitudes y habilidades se pueden entrenar y desarrollar en los niños con ayuda de los juegos de mesa. Hoy toca hablar de la agilidad mental.

Pascal dijo que “el ajedrez es el gimnasio de la mente”. Si viviera hoy jugaría a juegos como “Puerto Rico”, “Fantasma Blitz» o «Código Secreto«, y alucinaría viendo la variedad de aparatos de gimnasia que hay a nuestra disposición para desarrollar la agilidad mental.

Decimos que alguien tiene mucha agilidad mental cuando es rápido y eficaz a la hora de tomar decisiones, solucionar problemas, resolver cálculos, comprender textos, recordar datos,…

Si compitiéramos con animales de otras especies en agilidad física probablemente nos ganarían. Ellos corren, saltan, trepan o nadan mucho mejor que nosotros. Sin embargo en agilidad mental la especie humana es indudablemente superior.

Máquina de correr

Máquina de correr

Entrenar y desarrollar la agilidad mental es tan posible como entrenar y aumentar la agilidad física. Más fácil diría yo, si consideramos que sólo hay que entrenar un órgano: el cerebro.

Entrenamos el cerebro del niño ofreciéndole estímulos variados y adecuados, para que el número de conexiones entre neuronas sea cada vez mayor y mejor. Esta estimulación es imprescindible no sólo para su crecimiento intelectual sino también para el emocional y social.

Los canales de estimulación son los sentidos. Con ellos percibimos el mundo que nos rodea. A través de ellos el niño puede leer, escribir, escuchar e interpretar música, ver televisión, jugar a videojuegos, tocar, comer y beber, hablar y escuchar a otros, etc. Y si todo esto lo hace en un ambiente relajado y lúdico, el efecto es aún mayor.

Es difícil conseguirlo, pero hay que intentar que los niños lean o nos ayuden a leer los reglamentos. Al menos los fáciles, como éste de La Isla Prohibida.

Es difícil conseguirlo, pero hay que intentar que los niños lean o nos ayuden a leer los reglamentos. Al menos los fáciles, como éste de La Isla Prohibida.

Jugar a un juego de mesa permite una gran estimulación intelectual. Una partida a cualquier juego de mesa es una sesión de gimnasio intelectual. Y no olvidemos que alguien debe leer y comprender el reglamento del juego, para luego explicárselo a los demás. Si logramos que esto lo llegue a hacer el niño (solo o con nuestra ayuda), estaremos consiguiendo desarrollar en él muchas capacidades. Hasta el momento del análisis final de la partida, donde vemos por qué hemos ganado o hemos perdido, todo lo que rodea al juego de mesa requiere de un esfuerzo cognitivo y a la vez de relación social muy importante.

Muchos juegos de mesa exigen cálculos matemáticos sencillos pero rápidos, que nos permiten tomar decisiones adecuadas. En ocasiones nos obligan a memorizar datos. Son muchos los juegos en los que continuamente hay que leer breves textos en cartas, y que una vez comprendidos hay que combinar con otra información a lo largo de la partida.

Rápido! Encuentra el elemento común en estas dos tarjetas del Dobble

Rápido! Encuentra el elemento común en estas dos tarjetas del Dobble

Al igual que la constancia en el entrenamiento físico es importante, la continuidad en las actividades intelectuales también es básica. Volvemos a insistir en que no hay que quedarse en una única partida. Es bueno repetir varias veces con un mismo juego, y hacer al niño consciente del progreso y mejora en aquellas habilidades que está poniendo a prueba.

Esa extraña e inigualable sensación que combina cansancio y bienestar que se siente después del ejercicio físico intenso, se experimenta de alguna manera jugando a juegos de mesa.

Y no olvidemos que la agilidad mental de un niño, al igual que la física, no es innata, se debe entrenar y desarrollar; y si es en un entorno lúdico mejor.

 

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